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Últimos mensajes dejados por dab75

Mensaje escrito por dab75 el 13/11/2018 11:14:51 pm - Puntaje: 4 
Todo muy bueno hasta acá, en cuanto me desocupe termino lo mío. Que no se corte...
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Mensaje escrito por dab75 el 12/11/2018 12:28:49 pm - Puntaje: 5 
Garyullo escribió:      El Cuerno Walter estaba furioso. Esas dos perras, descontroladas por la adrenalina, se habían adelantado, arruinándolo todo. Él había dejado bien en claro la estrategia para aislar y separar a los dos veteranos. Pero, como siempre, si querés que algo salga bien, tenés que hacerlo vos mismo.     El Lancer avanzaba velózmente. Concientes de que eran seguidos de cerca, ambos sabían que, si habían intentado semejante operación en la Catedral, el número de hombres no se limitaría a los tres o cuatro que cayeron bajo las balas de Gary. Y no estaban errados. Subiendo a la autopista que lleva a La Plata, con el rabillo del ojo, Triple Once advirtió que una Iveco Daily, negra como la noche misma, tomaba el mismo camino que ellos y, más atrás, la Motomel SR200 del Cuerno, aceleraba para tomar la delantera en la persecusión.     - Gary, no estamos solos.     - Sí, también los ví. ¿Sabés quién viene en la moto, no?     - ¡Ja, ja, ja! Sí. Esto va a ser divertido...     Gary se pasó al asiento de atrás, con gran esfuerzo volcó medio respaldo y logró acceso al baúl del auto, donde tenían un arsenal que habría sido la envidia de los protagonistas de The Expendables, si tales amanerados fueran reales. Pasó varias armas y municiones para la cabina, eligió para sí una MP5K, muy cómoda para disparar desde un auto, le pasó a su amigo un par de Micro Uzis con cargador largo, una entre sus piernas y la otra en el asiento del acompañante. También apartó un revólver Taurus Raging Bull modelo descontinuado, regalo de un amigo brasileño con 6 balas .44 Magnum tipo Glaser y se relamió de anticipación.     Volvió a cerrar el respaldo del asiento. No sólo porque así estaría más cómodo, el respaldo llevaba dos capas de acero al carbono de 1/4 de pulgada separadas por una capa de kevlar, eso los protegería de cualquier arma manual, salvo un RPG, y aún así, tenían grandes chances de salir indemnes.     En el vidrio trasero apareció un agujerito y al mismo tiempo, el parabrisas voló destrozado, había empezado la acción. Triple Once, usando la Micro Uzi que tenía entre sus piernas terminó de romper lo que quedaba del parabrisas, abrió la guantera y sacó un par de anteojos, para evitar los efectos del viento. Mientras se los colocaba, observó a Gary que, estirándose hacia adelante, apagaba el estéreo en el que rugía por supuesto Ramstein.     - ¿Qué hacés? - preguntó, con voz de fingida indignación, sabiendo la respuesta.     Gary no contestó, sabía que su amigo sólo preguntaba porque le gustaba la respuesta: el sonido de los disparos sólo se lleva bien con el ruido de los motores, la música dejásela a Lalo Schifrin.     Se dio vuelta y disparó una serie de ráfagas cortas en dirección a la Iveco. Las trazadoras le marcaban la dirección al blanco, no es que las necesitara, pero eran un buen accesorio en huida, de noche y disparándole a un vehículo oscuro. Todo ayuda.     El ruido de los impactos en el blindaje del respaldo tranquilizó a ambos, estaban disparando con munición de 9mm. Si no le acertaban a las cubiertas, no corrían demasiado peligro.     - ¡Me están haciendo mierda el Lancer! - gritó Triple Once, entre carcajadas. Y era cierto. Los proyectiles que rozaban el baúl o pegaban tangencialmente en la chapa del auto se desviaban o se desintegraban, produciendo agujeros por todos lados.      Ya era hora de terminar con esta farsa. Gary tomó el Taurus y apuntó cuidadosamente, su amigo mantuvo el vehículo perfectamente estable. El primer disparo logró lo que pensaba hacer con el segundo. El proyectil .44 Glaser pulverizó el parabrisas de la Daily y el cráneo del conductor perdió el hemisferio superior. La camioneta se cerró hacia un lado, la rueda delantera izquierda se montó sobre el borde del separador de vías y el vuelco fue espectacular. Los sorprendió la explosión. No es común que un vehículo explote pero, vaya uno a saber qué clase de material traían esos imbéciles.     De entre las llamas y con el ojo brillando de furia tras el protector del casco, el Cuerno Walter se proyectó por la autopista, intentando dar alcance al Lancer.     La Motomel rugía al límite de su capacidad. El Cuerno llevaba en su mano izquierda una Ballester Molina en muy malas condiciones. No era un tipo cuidadoso y, en el apuro, la había confundido con una Colt. Su error no tardaría en mostrar sus consecuencias.     El Lancer estaba un poco disminuido, una cubierta estaba perdiendo presión y alguna manguera estaba perdiendo algún fluido.      Triple Once, que aún no había tenido oportunidad de efectuar un solo disparo y a quién todavía le dolían los huevos que le triturara la rubia, comenzó a disminuir la velocidad, permitiendo que la SR200 acortara distancias. Se corrió a la mano derecha y el Cuerno comenzó a acercarse por la izquierda. El Baby empuñó la Micro Uzi, la amartilló y observó por el espejo lateral, que milagrosamente permanecía intacto.     El Cuerno, a pocos metros del Lancer, divisó a Gary y le disparó tres veces. La tercera bala dio de lleno en el pecho de Gary que cayó contra la ventanilla lateral del auto con un gemido. Esto enfureció a Triple Once quien cometió la imprudencia de permitir que la moto avanzara un poco más. El Cuerno no perdió tiempo, apuntó a la cabeza del Baby y disparó.     La Ballester Molina, descuidada, explotó en su mano y al mismo tiempo el Baby le disparó una ráfaga que cercenó el tren delantero de la moto. Con una sonrisa de satisfacción, el Baby vio cómo la moto y su repugnante piloto volaban por los aires y aterrizaban estrepitosamente. La moto cayó sobre la otra mano de la autopista y el Cuerno patinó unos 50 metros sobre el asfalto, dejando trozos de traje y de carne en el trayecto.     Baby detuvo el auto, se bajó y se acercó lentamente a la masa de sangre que era Walter. Los dedos de su mano izquierda eran flecos sanguinolentos, el casco había volado y su rostro era la manifestación de la ira y la impotencia.     - ¡Malditos hijos de puta! - bramó escupiendo pedazos de dientes.     Baby levantó la Uzi con la intención de acabar de una vez con esta alimaña.     Una mano lo detuvo.     - ¡Maldición Gary! ¡Estás vivo! - exclamó.     Gary traía la campera abierta y mostraba un agujero en su Lacoste. Se golpeaba el pecho señalando el chaleco antibalas liviano que llevaba por debajo.     - Alguna costilla fisurada, nada serio. - dijo.     - ¿Qué hacemos con esta inmundicia?     Gary le dio la Sig Sauer que todavía llevaba en la cintura.     - Hacésela difícil. -     El Lancer arrancó nuevamente y se perdió en la noche, rumbo a La Plata.     A la altura de Quilmes, en un charco de sangre, con ambas rodillas destrozadas, el Cuerno Walter contempló el amanecer y comenzó a planear su venganza...
La Motomel

Mensaje escrito por dab75 el 10/11/2018 11:26:43 am - Puntaje: 1 

Mensaje escrito por dab75 el 09/11/2018 08:45:08 pm - Puntaje: 1 
girion escribió: oooMientras disfrutaban de unos drinks en la barra, dos féminas les echan el ojo.Una era una mulata dominicana, que se vendía como cubana, como para darse mas chapa, con una delantera que se veía firme aunque no demasiado abundante y un tren trasero que era imponente, sobresalía como una mesita en la que se podía apoyar un desayuno completo con tetera incluida.La segunda era una rubia,de rostro anguloso y mirada perversa, bien provista con un físico muy trabajado.La primera encara para Gary y la otra hacía el Baby.-Que te parecen Baby ?-- Están buenas, pero la rubia me da mala espina, tiene algo que no se que es. -La mujeres se acercan, con un andar furtivo, como dos gatos acercándose al mismo comedero.-Hola papitos - dice la dominicana.-Nos invitan un trago-Mientras se acomodan el Baby sigue mirando a la rubia , pensando de donde la conoce.Estaba muy buena, como una modelo de fitness, tetas muy firmes , bíceps marcados y una cola perfecta.Hasta ahora no había dicho una palabra, estaba mirándolo como cuando se mira una moto para buscarle defectos.-Hola bebe-dice la rubia.Y el Baby recuerda, en esa fracción de segundo detecta movimientos en su mirada periférica y grita - Keyneseanos Gaaaaryyyy !!! -ooo
girion escribió: oooMientras disfrutaban de unos drinks en la barra, dos féminas les echan el ojo.Una era una mulata dominicana, que se vendía como cubana, como para darse mas chapa, con una delantera que se veía firme aunque no demasiado abundante y un tren trasero que era imponente, sobresalía como una mesita en la que se podía apoyar un desayuno completo con tetera incluida.La segunda era una rubia,de rostro anguloso y mirada perversa, bien provista con un físico muy trabajado.La primera encara para Gary y la otra hacía el Baby.-Que te parecen Baby ?-- Están buenas, pero la rubia me da mala espina, tiene algo que no se que es. -La mujeres se acercan, con un andar furtivo, como dos gatos acercándose al mismo comedero.-Hola papitos - dice la dominicana.-Nos invitan un trago-Mientras se acomodan el Baby sigue mirando a la rubia , pensando de donde la conoce.Estaba muy buena, como una modelo de fitness, tetas muy firmes , bíceps marcados y una cola perfecta.Hasta ahora no había dicho una palabra, estaba mirándolo como cuando se mira una moto para buscarle defectos.-Hola bebe-dice la rubia.Y el Baby recuerda, en esa fracción de segundo detecta movimientos en su mirada periférica y grita - Keyneseanos Gaaaaryyyy !!! -ooo

Mensaje escrito por dab75 el 07/11/2018 04:45:06 pm - Puntaje: 1 
Por esta sería capaz de ir al cine y dejarme robar con alegría...

Mensaje escrito por dab75 el 06/11/2018 09:31:50 pm - Puntaje: 2 
La Porteña avanzó rauda durante kilómetros y días por las nuevas vías, hacia el norte, hasta que finalmente llegó a una estación fortificada, una auténtica guarnición. El ingeniero Covassi vio multitud de soldados, a pie y a caballo, carretas con pertrechos y víveres, cañones, galeras llevando lo que suponía serían personas más importantes del gobierno. También vio militares de alto rango a caballo. Galíndez, el sargento a cargo de la extraña expedición, fue llamado por un presuroso oficial superior y entró a un edificio con guardia en la entrada. Mientras tanto, liando un cigarrillo, el maquinista toscano se sentó en el borde del andén, pavimentado con ese novedoso material, el “macadán”. Recordó aquel festivo día del primer viaje de la locomotora con el inglés Allen, observando su perfil tan poco reconocible ahora. Entre los pasajeros se destacaban Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Valentín Alsina, Dalmacio Vélez Sarsfield y Pastor Obligado. Enfundados en sus trajes de gala, iban también los socios de la empresa Camino de Hierro de Buenos Aires al Oeste: Felipe Llavallol, Francisco Balbín, Benicio Larroudé, Mariano Miró, Daniel Gowland, Manuel Guerrico, Norberto de la Riestra, Adolfo Van Praet, Esteban Rams y Vicente Basavilbaso… Por eso mismo fue que pudo reconocer, cuando los guardias abrieron de nuevo las puertas, al brigadier Mitre en el interior del edificio, apoyado sobre una mesa que debía contener mapas e informes, rodeado lo que debía ser su estado mayor. Si Covassi albergaba alguna duda, ahora era certeza: iban a la guerra.

Mensaje escrito por dab75 el 05/11/2018 10:04:58 am - Puntaje: 0 
Al toke prro [image]http://3.bp.blogspot.com/-Lw2t3hPIchw/ULrE5PLgdkI/AAAAAAAAAGA/iMR5ajAg4ik/s320/46407_10141161
0026679_1008092720_n.jpg[/image]

Mensaje escrito por dab75 el 04/11/2018 07:26:21 pm - Puntaje: 3 
LA PORTEÑA (cont.) Covassi subió a la renovada cabina de la locomotora, acompañado sin mucha explicación por dos ingleses de gesto adusto, con pinta de soldados con esas extrañas armas, que le suministraron un nuevo juego de tarjetas para la “diferenziale” y un sargento del ejército, que lo comisionó como cabo. La Porteña rodó lejos y más lejos, durante días, repostando agua, carbón y víveres, pues resultó que en los dos extraños vagones iban pasajeros... Toño Pereyra no tenía ni dieciséis años cuando junto con otros entrerrianos del pago de Victoria, marchó hacia Pavón “reclutado” para la Guardia Nacional. Lo que Toño tenía y mucho, era miedo. Un gaucho en sus cincuentas le espetó “encomiéndese a Dios, m’hijo”, mientras allá adelante, cerca del arroyo la infantería porteña,con sus vistosos uniformes, se lanzaba al ataque. Toño se persignó y aferró su fusil. La voz de mando ordenó las filas para disparar. La línea defensiva, desplegada por Urquiza y su estado mayor a este y oeste de una estancia se preparó para el ataque. En pleno avance, los de Buenos Aires comenzaron a sufrir el fuego de la artillería confederada, que fue saludado con vítores y sapucais de la soldadesca de leva en su mayoría, que contaba con coraje pero con poca instrucción y menos experiencia en combate. La caballada que salió estruendosa, ensordecedora por los flancos de la línea, hizo estremecer a los mismos confederados. Los porteños no llegaban a distancia efectiva para los fusiles de los provincianos cuando los comenzaron a alcanzar los jinetes por ambos lados. Viendo la victoria cercana,los combatientes de la Confederación se desgañitaban vitoreando a los gauchos de a caballo. Los bonaerenses emprendieron una retirada veloz, entre la polvareda y el humo se veía poco, sólo se escuchaban gritos relinchos, disparos....
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Mensaje escrito por dab75 el 03/11/2018 08:50:47 pm - Puntaje: 0 
girion escribió: oooCruzaron la puerta y los invadió el sonido de la música mezclada con el humo de los puchos y el sonido de las voces.Estaba hasta las manos, el coronel , con su metro noventa y su mirada sanpaku se abría camino sin mucho esfuerzo. Gary,no siempre fue un tipo duro, de joven era mas bien desgarbado y bastante tímido.Nadie sabe porque, ni el nunca lo dijo, como se decidió a unirse a la Legión.Solo se sabe que un buen día después de cumplir los 22, recibió la carta de la embajada francesa en donde lo aceptaban.De ahí en mas se hizo solo y se transformo en leyenda .Avanzaron entre la multitud hasta llegar a la barra .- Estadísticas Baby -pregunta Gary.El Baby se toma unos segundos en echar una ojeada con su ojo experto en números y le contesta - Del cien por ciento yo le doy al 20 y vos le das al 80, casi diría 85 %- Bien bien, parece que vinimos en un buen día - contesta Gary con un brillo de alegría en su rostro.Y tenia otro motivo para estar contento, en la SoFa habia conseguido una Sig Sauer P320 en 357 sig .El Baby pidió una cerveza y el coronel un Jameson.La cantidad de mujeres que había ese día era obscena ,según los cálculos del Baby había una proporción de 60/40.O sea que por cada seis hombres había cuatro mujeres.Gary ya estaba bastante brotado de lujuria, después del tercer Jameson estaba murmurando -Le doy, le doy, le doy , tal vez le doy , le doy.-El lugar era un descontrol, pero un descontrol civilizado, las manos probaban culos y tetas al pasar , las sonrisas y las proposiciones se escuchaban sin cesar.Pero tanto el Baby como Gary, no tenían que salir a buscar lo mejor.Lo mejor iba hacia ellos. ooo
80, 85%
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Mensaje escrito por dab75 el 02/11/2018 07:26:37 pm - Puntaje: 3 
Garyullo escribió:      La Bienal de la SoFA Soldier of Fortune Association coincidía ese año en Lanús sí, Lanús, Argentina con la Feria Armas que se realiza anualmente en La Rural. Que fuera en puntos tan alejados de la ciudad no era casual, en las reuniones de la SoFA bastaba un quíteme de allí esas pajas para que se desatara un pandemonium de consecuencias previsibles. Ya había pasado y, desde el País del Norte EEUU, no Bolivia habían dado instrucciones muy precisas para que ello no sucediera. No queremos que las armas sean asociadas a la muerte y el caos, habían expresado. La NRA estaba de capa caída luego de que varios maricas, arrastrando vaya a saber qué traumas desde la infancia, habían abierto fuego contra multitudes, escuelas, omnibuses escolares, estadios y otras aglomeraciones donde podían asegurarse de hacer blanco en alguien, dada la cantidad de blancos concentrada en un solo lugar. Los muy maricas. Hay que tener agallas para voltear a un blanco específico, a 1500 metros, con viento lateral y haciendo precario equilibrio en la escalera de mano de una torre de agua. Blandos.     El punto interesante de la Bienal es que a ella acudían los miembros más notorios de la Organización. Los popes de la actividad mercenaria, una de las más nobles ocupaciones ya que no abarca ambigüedades o cursilerías tales como Patria, Banderao Aliado y se mete de pleno en lo que importa: la misión y la recompensa.     Hay dos falanges disputándose continuamente la cúpula de la Organización. Es una lucha por el poder, que no conoce aforo. Si bien no hay grandes diferencias de opinión, vamos, es que no hay ninguna, ambas luchan con lo que tienen a mano para desplazar a la otra de su lugar.     Hace más de diez años que el grupo al que pertenecen el Baby Triple Once y Gary el Ullo viene manejando las cosas con mano de hierro. Esto no ha hecho más que fomentar el odio y el resentimiento. Facciones internas efectúan constantemente reuniones clandestinas a los efectos de trazar estrategias que los coloquen en lo más alto de la pirámide. Pero la división de Inteligencia del Baby y Gary es una espada perfectamente templada y corta de cuajo cualquier intento de rebelión.     Hasta esa noche...
A ver cómo sigue
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Mensaje escrito por dab75 el 02/11/2018 05:15:19 pm - Puntaje: 2 
Muy bueno Val, no puedo poner positivos, página del ort....

Mensaje escrito por dab75 el 02/11/2018 02:16:33 pm - Puntaje: 0 
Shangtsung?

Mensaje escrito por dab75 el 02/11/2018 02:05:51 pm - Puntaje: 7 
LA PORTEÑA Los “de ciencia” terminaron de limpiar cuidadosamente, hacer ajustes y lubricar los minúsculos e incontables engranajes de la differenziale. Luego colocaron encima una nueva carcasa de costosísimo acero templado, llena de bulones remachados, que a Alfonso Covassi le recordó las cajas de caudales que desde el ‘57 transportaba periódicamente el Ferrocarril del Oeste, custodiadas por un destacamento de soldados. La nueva differenziale, la máquina diferencial, no era el único cambio que el gobierno bonaerense había hecho a su Porteña en el año que -inexplicablemente- estuvo en el gigantesco galpón de la estación Parque, sin transportar mercancías ni personas. El orgullo de los porteños, la fuente de riqueza que sustentaba entre otras cosas a los soldados que mantenían a raya a la confederazione, era una obra monumental, un castillo de hierro que escupía humo y vapor, como si alojase en su interior a algún legendario dragón. Ahora era monstruosa, más alta, más ancha, cubierta con planchas inclinadas, con enormes estructuras que Covassi no podía identificar a cada lado, cubriendo las ruedas con sus poderosas bielas. Eran una especie de gigantescas cajas oblongas con forma de pirámide truncada, igual de reforzadas que la nueva diferencial, que el resto de la locomotora. L’inglese estuvieron todo ese año trabajando en su amada máquina, en el más absoluto secreto. Los carretones cubiertos iban y venían del puerto llevando piezas. Se murmuraban historias de todo tipo sobre lo que sucedía en la estación, los paisanos hablaban en las pulperías con temor supersticioso, los soldados custodiaban el lugar noche y día y se decía que el mismo Mitre emitió la orden de ejecutar bajo el cargo de altísima traición a quien soltara prenda sobre lo que allí sucedía. El otro misterio era el nuevo ramal que partía desde San José de Flores y serpenteaba por incontables leguas aproximándose peligrosamente a territorio confederado. Ese fue construido por máquinas traídas de Inglaterra, nuevas máquinas de vapor que hacían el trabajo de decenas de hombres sin prisa ni pausa, siguiendo las órdenes de las tarjetas perforadas por los “clackers” ingleses. El ingegnere Covassi no sabía nada de esa nueva ciencia de ultramar. Su trabajo, su vida eran los pistones, las válvulas, las bielas, las entrañas ardientes de una locomotora a vapor. El sólo introducía las tarjetas en la máquina diferencial, en el orden que le habían instruido los ingleses de la Railway Foundry Leeds. Con el tiempo, su prejuicio hacia las calculadoras fue dando paso a una verdadera admiración. La diferenziale controlaba múltiples tareas y con el tiempo se convirtió en una compañera en la que Covassi depositó su confianza para verificar la presión del vapor, la velocidad, la potencia necesaria para remolcar los largos convoyes cargados de mercancías y -cada vez más- pasajeros… Y de pronto, un día Alfredo Covassi se bajó de La Porteña y no volvió a subir durante todo un año, por orden del Gobierno de Buenos Aires. Si bien siguió cobrando el salario acordado, la imposición fue una prisión para Covassi, como lo habría sido para cualquier hombre de su oficio, presa del hechizo de los rieles. Una madrugada antes de ese día, tan intempestivamente como fue alejado de su máquina, un sargento del ejército bonaerense acompañado por un pequeño destacamento a caballo, le informó que era requerido para realizar un “viaje inaugural” del nuevo recorrido en el Ferrocarril del Oeste. Fue llevado con prisa, sin violencia pero con firmeza con los caballos chapoteando por el barro de los callejones hasta las renovadas instalaciones de la estación. A medida que se acercaban podía ver cada vez más soldados, caballos, cañones. No vio la alegre, estridente y expectante civilidad que acompañó el primer viaje de la locomotora cuatro años antes. Con las primeras luces de la mañana, los nuevos talleres y depósitos de la estación Parque lucían como salidos de alguna pesadilla, todo hierro fundido y chapas de zinc “mecanizadas”. Qué contraste demencial con el caserío de adobe y tejas y los más humildes ranchos del pobrerío… Finalmente la comitiva llegó al gigantesco edificio que ocultaba a la renovada Porteña, con su ténder automatizado y otros dos altos, extraños vagones enganchados, con sus ruedas ocultas por estructuras similares a las de la locomotora, que le recordaron al maquinista el caparazón anguloso de un enorme insecto...

Mensaje escrito por dab75 el 01/11/2018 02:03:28 pm - Puntaje: 2 
Cobró bien

Mensaje escrito por dab75 el 01/11/2018 01:25:46 pm - Puntaje: 3 
Rescate El planeta le recordó vagamente a Marte, las holopantallas mostraban una esfera color óxido, las lecturas gravimétricas concordaban con el planeta rojo, también los análisis geológicos y topográficos preliminares de los escáneres. No así la atmósfera, dentro de los límites tolerables para la vida humana, lo que le hizo pensar al piloto de la nave carguera que este lugar debía ser algún largamente abandonado proyecto de terraformación. Treinta horas antes, la computadora de navegación lo despertó de criosueño, luego de desacelerar el impulso C, porque en su continuo escaneo de diversas frecuencias, halló lo que parecía una señal constante, a todas luces de origen inteligente. La legislación galáctica y los acuerdos interplanetarios establecían que toda señal de auxilio, comprobable o no, debía ser atendida. Los sistemas de abordo registraban en la bitácora todos los sucesos durante el viaje, así que desatender una llamada de auxilio, salvo contingencias comprobables, implicaba responsabilidades civiles y penales. El piloto no podía hacer más que acudir en auxilio de quien fuera que estaba transmitiendo, al menos para llevarle esperanzas de un rescate. La nave se había desviado de su curso 2,348 minutos luz para acercarse a la fuente emisora, este mundo árido y silencioso -no había rastros de civilización ni vida alguna- cuya faz llenaba las pantallas de navegación del Hermes. La nave de tripulación, con capacidad de vuelo atmosférico, se desprendió del resto de la plataforma de carga, un monstruo en forma de prisma hexagonal, de casi un millón de toneladas, que reflejaba la luz de la enana amarilla que constituía el sol del sistema planetario. Un pequeño hospital automatizado se preparó para atender posibles emergencias médicas -no podía tratar a muchos pacientes, pero al menos brindaría algunos auxilios- y todas las cápsulas de criosueño disponibles -once más la del piloto-. Una vez estabilizado el paciente, cualquier herida o patología grave sería atendida al llegar a destino. El piloto comenzó el descenso. La protección térmica se puso al rojo al penetrar la atmósfera y luego las alas se desplegaron para planear hasta una zona cercana al foco de transmisión, llana y con la menor cantidad de obstáculos posibles. Usando propulsores de empuje vectorial, la nave aterrizó en forma vertical sobre un suelo rojizo, resquebrajado y polvoriento, con rocas diseminadas por doquier. Aquí y allá, el viento formaba remolinos de polvo. Un análisis del aire realizado por un pequeño dron-sonda arrojó como resultado que no se podían detectar microorganismos en el aire, ni bacterias, protozoos o esporas de ningún tipo, tampoco fuentes de radiación. Lo único que el dron detectó como singularidad en el monótono paisaje fue una gran estructura rectangular, hecha de la misma piedra que yacía diseminada sobre la planicie desértica, a poco más de doscientos metros de donde había aterrizado la nave. Puso pie sobre el planeta y quitó el seguro del rifle de pulsos. No quería ser el siguiente en una larga lista de incautos víctimas de la piratería. Se movía con cautela por el terreno llano y con más cuidado aún al volverse éste más pedregoso e irregular al acercarse a la estructura. El dron pasó volando sobre él y se detuvo brevemente sobre el edificio rectangular, de una planta, e informó a través de la tableta que llevaba el piloto, que no se detectaba movimiento, ni fuentes de calor de origen biológico ni ningún otro que no fuese la piedra sobrecalentada por el mediodía solar. La señal de radio era un tono monótono, que se repetía sin cesar. El edificio rectangular tenía un perímetro de unos doscientos metros, de piedra erosionada por el viento. Cuando llegó a la pared, divisó una abertura rectangular, un parche de sombra que se recortaba sobre el muro. Tenso, se acercó a la entrada con el rifle apuntando al frente. La oscuridad era total, con una cualidad casi sólida. Entró, midiendo cada paso. El suelo era de la misma grava suelta que había afuera. Cada tanto había un pilar de base cuadrada, sin ningún ornamento ni inscripción. La austeridad estéril del edificio pesaba sobre el ánimo del piloto, que con la linterna del rifle trataba de penetrar las tinieblas, sin alcanzar ninguna pared. Había avanzado un par de metros cuando frente a él, iluminó algo de color verde grisáceo, alto, mucho más alto que él, algo vivo. La forma imprecisa avanzó hacia él con velocidad felina, golpeó al piloto con un brazo ciclópeo y lo hizo rebotar contra una columna, perdiendo el rifle, rompiéndole un par de costillas y una pierna. Dando grandes saltos en la baja gravedad, el gigantesco humanoide (era eso, cuando el piloto pudo verlo a la luz del sol) siguió corriendo hacia la nave. “No, oh no…”-Pensó, respirando dolorosamente, apoyado en la columna, mientras el ser entraba a la nave y minutos después despegaba, perdiéndose en el cielo alienígena. Afuera, el viento soplaba.